Sin categoría 4 14/02/2021

¿Por qué te quiero?

Ya no recuerdo si fue una pregunta directa tuya o simplemente se trata de una pregunta que un día me hice.

Podría hacer un tedioso panegírico de tus virtudes, claro que te quiero por todas esas cosas que te adornan, pero te quiero fundamentalmente porque llega un momento en la vida en el que cobras consciencia de que todos estamos dotados de una infinita capacidad de amar pero ese amor es como las raras flores del desierto que solo florecen muy de tarde en tarde, solo cuando se dan unas muy especiales circunstancias. El amor está ahí pero puede permanecer invernado toda la vida, fue preciso que se diesen las circunstancias apropiadas para que pudiese amarte.

¿Cómo podría decirte? Fuiste las gotas de lluvia inesperada que hicieron florecer el amor. Algo me atrajo a ti, después vino el descubrimiento. De repente el olor tuvo sentido, y unos días eras el tenue aroma de las violetas, otros el dulce del azahar. Tus ojos siempre de miel, según les diese la luz, unas veces eran de aceituna y otras de pistacho. Tu voz la de alguien que ama, una veces una sinfonía, otras una suave melodía. Descubrí tus manos que sanan, tus labios dulces como almíbar, el calor de tu cuerpo, la paz de tus abrazos, la pasión que encerraba tu cuerpo, pero te mentiría si no te dijese que eso, pese a su belleza formal, no fue más que la confirmación de aquello por lo que te quise y te quiero.

Te quise porque descubrí una poeta que arrancaba trozos de su alma al escribir, porque vi la mujer que el resto del mundo parecía no ver, una mujer tierna, dulce, sensible. Porque caminar a tu lado era como hacerlo por un campo otoñal plagado de hojas secas recién caídas de los árboles.

Te quise porque supe ver la mujer fuerte, la que sabía ser roca y al tiempo sabía fluir como el agua de los riachuelos. También te quise porque había una sombra de tristeza en tu mirada y me intrigó y averigüé que era porque eras una mujer que sufría y había sufrido y a pesar de todo ofrecías tu sonrisa. Te quise porque me diste esa sonrisa y con ella me reconciliaste con la vida. Porque te vi maravillosa madre, compañera para una vida, amiga y amante.

Te quise porque me diste tu mano y me permitiste acompañarte, porque a través de esa mano me abriste la puerta de tu corazón, y descubrí que allí residía tu belleza.

Te quise porque no eras perfecta, porque no eras una preciosa muñeca para colocar de adorno en la alacena, porque eras la vida misma con sus calmas y sus tormentas, porque cuidas y sanas, porque vi tu extraordinaria capacidad de amar.

Más tarde descubrí lo que te hacia perfecta para ser amada, ya lo sabes, esa pequeñas gotas de humor, tu capacidad para sorprenderme con cosas bellas, esa exquisita sensibilidad tuya para los detalles, para saber siempre el donde, el cuándo y el cómo. Tu inclinación por las cosas sencillas, por las cosas las simples cosas de la vida, una comida hecha con amor, una copa de vino, la lumbre en una chimenea, la embriaguez que produce la naturaleza.

No podría, aunque quisiera hacer el catálogo de todas las cosas que me hicieron quererte, son infinitas, te quise porque me quisiste y cuando una mujer como tú ama se abren las puertas a otros universos.

Te quise porque ya no creía en el amor, porque había renunciado a él y tú sin apenas decir nada me descubriste lo equivocado que estaba.

Pero te quise por tu primer beso, por tu primer abrazo, porque nunca nadie me había dado entrada en su alma como tú me lo diste ese día.

Mucho después aparecieron las coincidencias, pero de esas ya no me fío, no pueden ser tantas sin que las hayamos creado nosotros, ¿cómo se explica que dos almas distintas sean gemelas? ¿Qué tu dolor lo sienta en mi pecho, que tus alegrías me colmen de felicidad?

¿Cómo explicar por qué te quiero?

Te quiero porque te quiero.

Porque en una vida absolutamente contingente tú te erigiste en imprescindible, te quise porque en los días más grises, cuando la lluvia nos acobarda y los rayos nos intimidan, tu simple evocación dibuja un arco iris.

Por todo eso y mucho más te quise, por eso y mucho más te quiero y te seguiré queriendo el resto de mis días. Porque, cómo ya te dije en alguna ocasión, el día que te conocí descubrí que mi vida anterior solo había sido una preparación para el momento en que aparecieses.

Ya ves que me sobraron razones para quererte, son al fin y al cabo las mismas razones por las que te sigo queriendo, pero hay una mayor aún, y es que he podido ver la mujer que te habita, de una forma fugaz pero la he visto y la quiero en mi vida, te quiero pues, porque soy un egoísta y después de haberte conocido y reconocido ya no podría vivir sin ti.

Supongo que aún guardarás el pétalo de rosa que te ofrendé, entre las hojas de tu libro, el pétalo que hoy no puedo dejar de nuevo en tus manos desde las mías. Dicen que la distancia no existe para las personas que viven en nuestro corazón, por eso hoy, cuando aún no hay flores en nuestros rosales, compraré una rosa por muy estúpidamente recurrente que parezca, una rosa criada con mimo por un floricultor para que solo hoy tú y yo nos digamos te amo.

Porque, te quiero porque te quiero.

2 comentarios sobre “Sin categoría 4 14/02/2021

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