Relatos 37 17/06/2019

Supongo que a estas alturas, tras el tiempo transcurrido, esto no te importará mucho, pero me han entrado ganas de hablar contigo, y ya no tengo necesidad de reprimirlas.

               Recordarás mi mesa, el caos de mi mesa, parece casi imposible que alguien sepa dónde está cada cosa, de hecho es imposible saber qué es exactamente lo que hay. De vez en cuando, hago un intento de colocar o buscar algo, generalmente suelo llevarme gratas sorpresas, hoy no podía ser diferente, he visto un folio en el que había anotaciones, de inmediato he reconocido mi letra, no conozco nadie que la tenga tan ilegible, y de inmediato también he recordado de que se trataba.

               Es curioso, nuestra relación empezó y durante casi todo el tiempo que duró fue virtual, tardamos más de un año en conocernos personalmente, y para ese momento creíamos que habíamos encontrado el amor definitivo, ya sabes, la mujer y el hombre de nuestras vidas, que ironía. Cuando por fin pudimos estar juntos empecé a desaparecer, es cierto tuvimos unos momentos que no cambiaría por ninguna otra cosa en el mundo, pero no supe estar atento a lo que estaba pasando, a los mensajes que me enviabas y que en realidad no quise atender.

               El folio me ha hecho sonreír, recuerdo como durante dos días pensaba ponerlo bonito y hacerte un regalo. Como te decía, durante dos días me dediqué a recoger nuestra historia virtual, en una cara las primeras fechas en las que nos dijimos me gusta a algún comentario o publicación, nuestras primeras respuestas, nuestras primeras charlas. En la otra cara está la historia de nuestra relación en otras redes o por otros medios, me produce una enorme ternura. Tengo que reconocer que en mi caso si hubo amor, tanto que sigue habiéndolo. He descubierto tanto de ti releyéndote. No he podido evitarlo, he girado la cabeza a mi izquierda, recordarás que ahí, justo frente a mi cabeza está la estantería, ya no cabe ni un solo libro más, en la que tengo todas tus cosas, una carta, un poema, un par libros, poco más, bueno están las cosas impolutamente empaquetadas que debía haberte dado hace mucho tiempo pero que al final se han quedado a mi lado, supongo que habrá algo de masoquista, o de vana esperanza. Ahora entre los libros hay una pluma, no la uso, pero me gusta tenerla, es un regalo de quien aún no sabía que para mí escribir a mano es una tortura, y merece estar en el lugar de los recuerdos escogidos.

               Tampoco he podido evitar recordar las horas pasadas sentado a tus espaldas, haciendo como que leía, cuando en realidad sólo estaba mirándote, viendo cómo te tocabas el pelo, como tecleabas en el ordenador o escribías en una de tus libretas. Al principio te interrumpías permanentemente, me pedías café, mi opinión sobre cualquier tema, a veces querías compartir música, pero poco a poco conseguí que te fueses concentrando en tu tarea. Solo cuando estirabas la espalda y tocabas tu cuello, entendía que era el momento de darte un suave masaje en los hombros y el cuello, recuerdo como te gustaba cuando bajaba por los brazos, ese era el momento de ofrecerte un café, de darte la mano y planear una salida, aunque muchas tardes y noches todo fuese música, lectura, vino blanco y amor, mucho amor.

Visto desde ahora, me doy cuenta de que aquello, con ser maravilloso, no tenía futuro, desde el momento en que fuiste consciente de que me tenías, dejé de interesarte, bueno tampoco creas que estoy pasando nada al cobro, en realidad hace mucho que dejó de molestarme, simplemente quería hablar contigo un rato, la melancolía a la que me hice tan aficionado, además es que lo que he visto en este folio me ha producido una enorme ternura, y de nuevo he tenido la necesidad de vivirlo contigo. Pero vamos a tener que dejarlo, ella está a punto de llegar, sí he dicho ella. Tres años ya, apareció un día, se instaló y yo que creí que dedicaría el resto de mi vida a cuidarte, pasé a ser objeto del cuidado de otra persona. No pienses que fue fácil, me rechazó, me dijo que podría llamarla cuando no estuviese enamorado de otra persona, pero sabes que la vida busca sus caminos, que el amor o el cariño buscan sus caminos y si se quiere y se lucha, termina pudiéndose. Ella pudo, aún a sabiendas de que hay una parte de mí que siempre será tuya, de lo que no se habla no existe.

Hoy ha comido en el trabajo, la he reñido, con lo que me gusta prepararle la comida, así que debe estar a punto de entrar, me hace gracia, siempre abre con todo el cuidado, se quita los tacones y camina despacio hasta situarse a mi espalda, tres años ya, después me acariciará la cabeza, yo me haré el sorprendido, fingiré un susto enorme y la ofreceré un café. Tengo que dejar de hablar contigo, se lo debo a ella y me lo debo a mí, me ha encantado volver a hablar contigo, pero me parece que en cualquier momento voy a sentir sus pasos y tengo que preparar mi actuación, esta vez me haré el desentendido, y cuando me ponga las manos en el cuello y me diga que me va a matar, me giraré, la cogeré por la cintura, la atraeré junto a mí, apoyaré mi cabeza en su vientre, le diré lo mucho lo que la quiero y me levantaré para poder besarla como siempre te dije que me gustaba besarte a ti.

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