Relatos 72 09/01/2022

Un domingo más.

Aunque estamos a media tarde los días son muy cortos. Hoy sopla el viento con fuerza y agita las palmeras con energía. Los últimos rayos de sol que anuncian el cercano ocaso hacen que las palmas, que se mueven en un baile enloquecido, se iluminen con colores de plata brillante, parece que estuviesen orladas con las guirnaldas navideñas que ya han retirado.

Que injusto otro domingo sin verte. Me he sentado, recostado sería mejor decir, en el sillón de mi despacho, mi intención era leer, pero me temo que nunca aprenderá a vivir las tardes de domingo sin ti.

Si pudiese conciliar el sueño no me importaría dormirme y que el tiempo pasase ¿pasa el tiempo mientras dormimos?

He cerrado los ojos, el último rayo de luz, una luz fría pero dorada, se ha colado por mi ventana y se ha posado en mi cara. Te pienso, sé lo que estás haciendo en este momento, al menos lo imagino creo que con bastante aproximación. Muchos de tus domingos son diferentes, aunque aprovechas para descansar cuando puedes, siempre tienes algo que hacer, tus domingos no son tan diferentes del resto de los días de la semana.

Me he levantado a prepararme un café, demasiados cafés pendientes. Siempre me gustó el café cómo metáfora. ¿Cuántas veces te he ofrecido tomar un café queriendo decirte ¿puedo darte un beso?

He vuelto a mi sillón, he dado un sorbo al café y me caliento las manos con la taza. Eres recurrente, el suave calor de la taza me ha traído el recuerdo del de tus manos y su misma suavidad. Me resultaría fácil caer en un estado nostálgico, deben existir otras palabras para esto que siento y que solo bordea la tristeza, tal vez añoranza lo defina mejor. No estoy triste, estoy apenado por tu ausencia.

Nunca he tenido buena memoria pero hay cosas que no se olvidan y ahora pienso en nuestro último abrazo, quién podría pensar que pasaría tanto tiempo, tiempo que aún corre, hasta poder darnos otro de nuevo, quien sabe si ese no fue el último abrazo. ¿No te parece que deberíamos saber cuándo vamos a dar el último abrazo a la persona que amamos? ¿Sería diferente? Yo solo sé que si aquel fue el último y yo lo hubiese sabido no te habría soltado, no te habría dejado irte.

Estoy empezando a enfadarme, a sentir como una rabia sorda, oscura me sube por la garganta. No puedo verte, que difícil es todo. Nadie dijo que tuviese que ser fácil, los dos sabíamos desde el primer momento a lo que nos enfrentábamos, yo lo fie todo a tu fortaleza a tu amor, hice bien, yo… yo no pensé que la vida me pusiese aún más obstáculos.

Que estúpidamente antipática se ha vuelto la vida. Ya ha oscurecido y yo amo la noche, pero ahora hace que aumente mi rabia, sé que me quieres, yo te adoro, ambos sabemos que podríamos, posiblemente deberíamos tener una vida en común que nos daría la felicidad que ahora nos falta, la felicidad de verdad, no esto con lo que nos conformamos a regañadientes, pero nos conformamos. No se trata simplemente de no estar mal, se trata de equilibrar los momentos, que los felices inclinen el platillo de la balanza, y ambos lo sabemos, si nos diésemos permiso, si nos atreviésemos. Pero sigo sentado en un sillón que empieza a rechazarme mirando al teléfono, me gustaría llamarte ahora mismo, un segundo el tiempo justo para decirte que te quiero y el necesario para escuchar tu voz. Hablas bajito y ríes fuerte. ¿Sabes cuándo tu voz se convierte en el más dulce sonido?, cuando lloras e intentas hablar, ¿te escucharé llorar de felicidad?.

Me revuelvo incómodo en el sillón, quiero arañar la tierra con mis manos hasta horadar un camino recto que me lleve a ti, quiero vivir lo vivido y lo por vivir, quiero volver a andar el camino solo por darte un beso.

La rabia se atenúa y surgen los miedos, el miedo al olvido, a difuminarme en tu vida, a que mi amor pierda significado, a que dejes de quererme, a que la vida tenga más fuerzas que nosotros.

El teléfono vibra, un mensaje tuyo, aprovecha la luna para ponerse frente a mí y de inmediato dejo un beso en ella. La luna está más cerca de ti que yo.

Desaparecen la rabia y los miedos, me abrigo bien y salgo a la calle, una bocanada de aire fresco me ha llenado el corazón, ahora necesito otra que llene mis pulmones. Te pienso y decido que no todos los domingos son tristes y grises, no mientras tú existas, no mientras la distancia entre nosotros solo se pueda medir en kilómetros.

A veces la felicidad, un pequeño momento de felicidad se cuela por una puerta que no habíamos recordado cerrar.

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