Relatos 67 31/102021

¿Acoso?

Me he venido a vivir a tu ciudad, o tu pueblo. Nunca acabo de entender muy bien cómo se puede llamar a estas poblaciones demasiado grandes para ser un pueblo y demasiado pequeñas para llamarla ciudades.

Llevo apenas una semana y aún estoy ubicándome, ya sabes, donde están los supermercados, la farmacia más próxima y ese tipo de cosas, los bares ya los conozco. He dedicado mucho tiempo a arreglar las cuestiones burocráticas, y más tiempo a pasear. Creo que las ciudades o los pueblos se conocen caminándolos. Desde luego esto no es un pueblo en sentido estricto, la gente camina aprisa, no se saludan, algunas mujeres en el mercado si lo hacen y los dueños de los puestos parecen conocer a todo el mundo, son una buena fuente de información.

Comienzo a tomarle el gusto a callejear, estoy descubriendo rincones curiosos, algunos muy bonitos. Me place el gusto de la gente del sur por las plantas. He descubierto una casa que tiene uno de sus muros lleno de macetas con geranios, de todos los tamaños, de todos los colores. Debería decir que además de los geranios, en cada una de las esquinas hay una Buganvilla y un jazmín. En estas aún cálidas noches de finales del verano pasar frente a ese muro es darse un baño en los más dulces aromas.

Los dos primeros días los he pasado en un hotel, el apartamento que alquilé estaba ocupado y tuve que esperar a que lo acondicionaran, está bien, es cómodo, precisamente la única condición que le ponía, tal vez me hubiese gustado que estuviese un poco más cerca del mar, pero fui yo quien decidió que este fuera el sitio.

Vivo cerca de tu casa, no demasiado cerca. Mi intención es ver sin ser visto. Curioso, esta frase la recuerdo desde mi juventud cuando hacía el servicio militar. De aquel tiempo solo recuerdo dos frases, la dicha y la de “ocultarse de las vistas y los fuegos”. Desde luego como algún país hubiese de ser defendido por soldados como yo más valdría rendirse cuanto antes.

Decía que mi intención es no irrumpir en tu vida, sinceramente espero, y menos por una falta de cálculo mía, que no puedas verme algún día. Por supuesto yo si me acerco lo más posible a tu casa a las horas que imagino que puedas entrar o salir, solo me ha parecido verte una vez en el coche. Ya no sé si te he visto o te he intuido. Ha sido suficiente, otro día tendré más suerte.

Al volver a casa descorché una botella de Moët Chandon, desde luego no es el Imperial, uno normalito, mi economía no da para lujos bizantinos. Lo compré en un centro comercial de esos que infectan todas las ciudades, prefiero las compras de proximidad, comprarle a los vecinos. Por una parte es un compromiso ético, por otra es una forma de irme integrando.

Hoy, aprovechando el calor me he ido a la playa, he ido hasta el pueblo de al lado, cualquier prudencia es poca. Me he animado y me dado un par de remojones, después he leído un rato. Cuando caminaba hacia el coche he pasado por un mercadillo callejero, había de todo tipo de cosas y me he comportado como un frío asesino. No recuerdo que ninguna planta me haya sobrevivido más de unas pocas semanas, en el mejor de los casos. Así que me he envalentonado y he comprado unas macetas. Al pobre hombre que ha tenido que aguantar mi compra lo he exprimido. No sé para qué tanto esfuerzo con los riegos, los soles y las sombras. Prometo esforzarme aunque sepa de antemano el triste final que les espera.

Para ser una ciudad pequeña, tenéis bares con muy buenas tapas, si a eso le unes que guisar para mí solo me parece aburrido, he buscado el bar, uno en el que saben tirar la cerveza helada como verdaderos maestros. Un par de tapas, una caña y a lidiar con el insomnio y tu recuerdo, al menos ahora tengo con qué alimentarlo.

Mañana tienes turno de tarde, si fuese de noche te identificaría de inmediato, sigo manteniendo que eres luminiscente. Seguro que si leyeses esto te reirías, pero el que los demás no vean esa luz, no implica que yo no la vea perfectamente.

Posiblemente por la mañana dé un paseo por tu barrio, a lo mejor sales a hacer alguna compra. Esto del furtivismo nunca se me ha dado bien, espero no confiarme, tengo mucho tiempo por delante, eso espero, y con verte aunque sea de lejos y cada cierto tiempo me conformo.

¿Tú crees que los diarios se escriben para que sean leídos por otras personas?, no digo las autobiografías, que esas es evidente que necesitan lectores. Se me está ocurriendo que voy a combatir las noches de insomnio escribiendo esto que no leerás, que no leerá nadie, con esta especie extraña de diario que hoy comienzo.

El calor no cede, la terraza, apenas más grande que un balcón, es un buen sitio para pasar un largo rato sentado, la luna está en cuarto creciente y los sonidos llegan apagados. La brisa me trae el olor del mar. Por primera vez en mucho tiempo me siento en paz, algo parecido a la aceptación. Ya basta de torturarse con pensamientos negativos. Sonrío, siento como si hubiese llegado a Ítaca, el viaje mereció la pena, ahora toca disfrutar del canto de los jilgueros del vecino de al lado, de lecturas pausadas, de ver como las montañas vomitan el sol que el mar ingiere, de volver a caminar por la arena, de vivir, de seguir estando vivo.

P.S. El otro día en el mercadillo vi un magnífico juego de cuchillos de cocina, los había de todos los tamaños, incluida una pequeña hacha, tendré que volver y comprarlos, me serán muy útiles.

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