Relatos 63 06/07/2021

Memoria

Esto de hacerse mayor, viejo. Que patética manía la de no utilizar los términos correctos. Decía que esto de hacerse viejo tiene alguna ventaja, no creas que muchas, en realidad casi todo son desventajas.

Bueno, desde luego esto no ha comenzado como un libro de autoayuda, a Dios gracias. En fin que entre algunas de las cosas buenas que han aparecido o que tal vez se han hecho hueco para aparecer cuando han desaparecido otras, es que, a veces, inesperadamente hay alguna pequeña cosa. Puedes pensar en cualquier trivialidad, o en un momento brillante, de esos que a todos nos sorprenden, es indiferente, puede ser cualquier cosa. El caso es que eso desencadena un recuerdo, normalmente uno que nunca estuvo olvidado, simplemente escondido en el baúl de los recuerdos, y de repente, como por arte de encantamiento aparecen ante nosotros los recuerdos con un lujo de detalles tal que posiblemente en su momento nos pasaron desapercibidos.

Por otra parte no consigo recordar que fue lo que desencadeno esta tarde ese recuerdo, ni falta que me hace, sólo sé que reviví durante unos minutos un momento muy especial.

Fue a finales de verano, mi desastrosa memoria selectiva ha olvidado la fecha exacta, aunque en realidad todo lo que pasó duró varios días.

Nuestra relación había sido eminentemente epistolar, creo que nunca  tuvimos una esperanza razonable de vernos, no digo que no lo deseásemos, ambos lo deseábamos con todas nuestras fuerzas pero sabes tan bien como yo que había muchas cuestiones que jugaban en nuestra contra, posiblemente las menores eran la distancia y las dificultades de comunicación, pese a que no eran cualquier cosa. Pero por fin un día decidimos que superaríamos cualquier obstáculo y nos veríamos. Desde luego el plan no comprendía una fuga romántica, casi se limitaba a estar unas horas juntos, tomar un café, posiblemente una copa y charlar, hablar mucho. Tengo que confesarte que dejé que mi imaginación volase libre así que planeé alquilar una habitación en un hotel, en alguna ocasión te había dicho que estar tumbado con tu cabeza en mi pecho mientras te leía algo que nos gustase a los dos, era uno de mis sueños.

Pero empecé hablando de recuerdos, de los detalles insignificantes que han vuelto ahora. Pero si llegué a pensar en la ropa que llevaría puesta, no niego alguna coquetería masculina, pero realmente soy bastante indiferente a mi aspecto… menos en ese momento, quería tener el mejor aspecto posible para ti. Te va a hacer gracia, no quería, no podía pretender impresionarte, tan solo pretendía que mi aspecto no perturbase los momentos que viviría contigo.

Visto con perspectiva no puedo menos que  sonreír. Durante esos escasos días antes de vernos lo pensé todo, se podría decir que calculé cada paso que habría que dar, aun a sabiendas de que la vida es impredecible y pasaría lo que tuviese que pasar independientemente de mi elaborado plan.

No me puedo presentar con las manos vacías, ¿una pequeña joya?, no, por pretencioso. Ya está, unas flores… eso es casi tan poco imaginativo como los recurrentes bombones, desechado. Posiblemente un libro, Jesús que poco creativo, ¿es que ahora me las voy a dar de intelectual?. Sabes que esto de que llevar en las manos va a resultar un problema. Ahora puede resultar cómico pero en su momento me ocasionó una noche sin dormir, decidí que con llevar mi corazón por delante sería suficiente y ya tendría tiempo a lo largo del día de tener algún detalle. Hablaríamos de todo e indefectiblemente hablaríamos de literatura, a ambos nos gusta escribir y aún más leer, así que buscaría el momento y te regalaría mi estilográfica. Magnífica idea, algo común a nuestras aficiones y al tiempo algo muy personal mío, me quedé profundamente dormido.

Como te decía hubo infinidad de detalles que supervisé, estudié concienzudamente el mapa de carreteras, claro que el GPS del coche me llevaría sin errores, pero yo necesitaba visualizarlo. Planifiqué hasta las gasolineras en las que repostaría. Sé que en este momento estás sonriendo pero hasta lustré con cuidado mis zapatos, así que podrás imaginar que me arreglé la barba y le pedí a mi peluquero que me pusiese una crema facial.  Pero que me estaba pasando, seguramente era tan improbable que nos viésemos que el hecho de que lo fuésemos a hacer en unos días me había trastornado.

En esas cosas he ocupado toda esta esta tarde inesperadamente cálida de mediados de noviembre, en recordar palabras, sensaciones de lo que fue un momento de una elemental belleza, un momento en que volvía a sentir la vida correr por mis venas, un momento en el que recordé que no hay nada escrito y que la incertidumbre es una puerta que se abre a lo desconocido, algunas veces a las sorpresas más agradables, que alimentar la esperanza es alimentar la vida.

Nuestro encuentro se frustró, esa una historia que ni siquiera merece la pena ser contada. Claro que echo de menos tu cabeza sobre mi pecho mientras te leo un poema, mientras mis manos leen tu piel, pero hoy he recordado el momento en que durante unas horas fuiste posible, no cambiaría esas horas por ninguna otra de mi vida.

4 comentarios sobre “Relatos 63 06/07/2021

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