Relatos 56 25/09/2020

El Jarroncillo

  • Desde luego lo tuyo no tiene nombre. Llevo esperándote un buen rato y además sabes que como nos retrasemos nos quedamos sin partida. Entro y te encuentro como siempre, sentado en ese sillón que debe estar harto de ti, con una taza de café delante. Por cierto a ver si te compras una cafetera y dejar de hacértelo en el puchero, que eres un antiguo hijo mío.
  • Hombre, pues no estaría mal que alguna vez llamases a la puerta antes de entrar a mi casa.
  • Claro, el señorito está meditando y lo mismo que se presente su mejor amigo de repente le asusta.
  • Déjate de ironías, que no tengo el cuerpo para bobadas.
  • Déjate tú de esconderte. Llevas demasiados años escondido detrás de esa ventana, mirando cómo pasa la vida pero sin vivirla. Ya está bien, y no es la primera vez que te lo digo, tienes que vivir. No es posible que lo tengas todo abandonado, ella se fue, ¿y qué?, pasó y pasó, pero tú sigues aquí. Pero si ni siquiera cuidas el jardincillo y esa era tu mayor ilusión.
  • Última vez que te lo digo, ese jardincillo como tú le llamas lo tenía para ella, ya no tiene sentido.
  • Lo que no tiene sentido es que tenga que venir yo a podar el jazmín, que por cierto ya necesita un recorte, lo que no tiene sentido es que el granado y el naranjo sigan vivos porque me he empeñado y que las macetas sigan vivas porque tienes una vecina que es una bendita.
  • Por Dios, ¿quieres no meter el dedo en ninguna llaga? No hay nada que hablar, ya está todo hablado. Ahora, ya que conoces mi casa mejor que yo, tráete la botella de aguardiente y vamos a tomarnos un sorbo antes de marcharnos.
  • La tengo en las manos, no estaría mal que me mirases cuando te hablo. Verás, hay una cosa que no acabo de entender ¿qué haces todo el día mirando ese jarroncillo que tienes en la repisa de la chimenea? Por cierto es feo de narices, bien podrías poner una florecilla o algo por el estilo que disimulase su fealdad. Ya que insistes en estar mirándolo todo el día, no te vendría mal.
  • Te lo voy a dejar claro, yo miraré el jarroncillo todo lo que me de la gana, además ese jarroncillo no se toca ni se pone nada en él. Ella, el día antes de irse me dijo que me iba a regalar una flor de papel hecho con sus manos para colocarlo en precisamente ese jarroncillo. Papiroflexia decía ella, se negaba a usar lo que ella entendía como una cursilería, llamarlo por su nombre japonés, Origami.
  • Vamos hombre, no puedes ser así, no puedes seguir anclado a algo que, lo quieras o no, es el pasado.
  • Tú no la conocías, no te imaginas lo obstinada que era, que es. Sé que volverá, sé que algún día, tal vez yo no la vea, pero volverá y me traerá esa flor.
  • Definitivamente eres un iluso, o bueno, a lo mejor eres un romántico, y ya no tienes edad para permitirte esos lujos. Más te vale que apures la copa y que te des prisa, los de la partida no son tan románticos y nos podemos quedar a dos velas.
  • Vamos, y déjame con mis esperanzas, mis ilusiones y mis tonterías, que cada uno tiene las suyas.

Post scriptum.- Tiempo después, no sabría decir cuánto, una tarde al volver de la partida dirigió su mirada hacia el jarroncillo, y allí había una rosa de papel… pero eso es ya otra historia.

9 comentarios sobre “Relatos 56 25/09/2020

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s