Relatos 46 06/09/2019

Sueño

Sigo sentado en la terraza del bar desde la que te envié la foto esta tarde, está oscureciendo, un atardecer anodino. Debería estar esperando uno de esos atardeceres de colores apocalípticos, pero no, simplemente la luz del sol está desapareciendo poco a poco y el azul intenso de la tarde pierde brillo e intensidad.

Sigue sin aparecer nadie, estoy solo, los coches no pasan, miro la avenida y no hay ninguno en los carriles, parece que antes de desaparecer les hubiese dado tiempo a aparcarlos. Sigo escribiéndote ya con la casi certeza de que no te llegarán mis palabras, necesito hablarte.

Definitivamente ha desaparecido cualquier vestigio de vida humana, no me he asustado, supongo que será un mecanismo de auto defensa pero de inmediato he empezado a ocuparme de la logística. Necesitaré medicación, afortunadamente ahora tengo acceso a cualquier farmacia y la electricidad sigue funcionando. Debería hacer acopio de alimentos, primero para consumir cuanto antes, los perecederos, después los refrigerados y los congelados, más tarde los enlatados. Esto parece una distopía, un mal sueño, no quiero engolfarme en pensamientos negativos, curiosamente estoy muy tranquilo cómo si llevase mucho tiempo esperando esta situación. ¿Habré muerto, será esto la muerte?, me pellizco, que recurso más infantil, estoy vivo a los muertos no les duelen los pellizcos. He conseguido levantarme y llegar a la barra del bar, he cogido una botella de licor y me he servido un trago largo que me ha hecho toser. En cuanto reúna fuerzas para iniciar mi plan de abastecimiento me acercaré al estanco y cogeré una pipa, me parece una buena forma de esperar lo que tenga que venir, fumando una pipa, tal vez ni siquiera coja tabaco, la pipa sí, es una cuestión de estética.

Debería hacer acopio de gasolina antes de que las gasolineras dejen de funcionar. De todo esto lo único que me molesta es que me va a obligar a abandonar mi molicie, no me gusta el trabajo físico, si esto dura mucho tendré tiempo para hacerlo a mi ritmo pero estoy cansado.

Me encamino a casa con paso tranquilo, sé que nadie me espera, no hay nadie, estarán mejor. La algarabía de los pájaros al atardecer me alerta, pero no pasa nada, siempre montan este numerito, cada tarde. Mi casa siempre con voces, con mil ruidos permanece en silencio y no me atrevo a poner música no quiero ruido que me distraiga de alguna posible señal sonora que sé que no llegará. Tengo un arma, aún conservo una reliquia del pasado, una pistola Star de 9mm, compruebo que también conservo un par de cajas de munición, creo que pasaré por alguna comisaría y cogeré un arma más eficaz, más eficiente ¿para qué?. Me ajusto la funda al cinturón e introduzco la pistola, meto en el bolsillo otro peine cargado y tras asegurarme de que nadie responde a mis llamadas, salvo los robots, las dichosas maquinitas con las que odio hablar, salgo de nuevo a la calle, es de noche y el alumbrado se ha encendido, está programado, ¿Cuánto puede durar esto? ¿qué es esto?. Camino por el centro de la calle.

¿Por qué no ha salido nada ardiendo o han ocurrido accidentes?, tengo la impresión de que alguien ha cerrado el chiringuito y previamente se ha ocupado de dejarlo todo bien ordenado, no tiene mucho sentido y sobre todo ¿por qué se han olvidado de mí?

Mis pasos me llevan hasta el río, al otro lado la mole del hospital me mira con su enorme cruz verde parpadeante, pienso en los enfermos, en los que debería estar enganchados a máquinas que les mantenían vivos, tal vez ellos también hayan desaparecido, pero la idea de que puedan haber muerto me dasazona y no cruzo el puente. Un último grupo de avefrías me sobrevuela en perfecta y cambiante formación y toman agua unos metros más arriba, justo donde una vez vi juguetear una nutria, el plomo del agua me intimida pero en el late vida, decido ser proactivo, vuelvo a casa intentaré ver si la televisión, Internet o las radios funcionan, no tengo esperanza pero creo que debo hacerlo. He pensado que tal vez debería hacer un fuego, una primigenia forma de comunicación, si se han olvidado de alguien más, acudirá a mi llamada, aunque tal vez lo mejor sería permanece oculto… desecho la idea por ridícula. Decido volver a casa e intentar dormir, el ascensor afortunadamente funciona antes que subir siete pisos prefiero pegarle una patada a cualquier puerta.

De repente, sin previo aviso una mano me toma por el hombro y me zarandea, ¡Ricardo, Ricardo! ¿pero qué te pasa chico? Llevo mirándote un buen rato y estás con la mirada perdida, sin mover ni un músculo ¿te encuentras bien?.

Me levanto, me excuso aturdido y mis ojos tardan en habituarse a la luz de las farolas. Los coches pasan por la calle y los ruidos de la ciudad vuelven a hacerse presentes, al principio con paso vacilante, decidido después me encamino a mi casa, voy a dormir, necesito saber en qué parte del sueño me encuentro.

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