Relatos 45 15/08/2019

Estimados lectores, el presente relato es el último de una serie de relatos que pese a poder ser leídos de forma independiente por tener identidad propia, en realidad forman parte de un macro relato o micro novela que forman varios relatos publicados con anterioridad. Mi sugerencia es que si les apetece lean los relatos en el orden en que fueron publicados, esto es Relatos 38, 41, 42, 43, 44 y 45. Naturalmente son ustedes muy libres de leerlos en este u otro orden, o ignorarlos si ese es su gusto. Cuentan con mi agradecimiento por tomarse la molestia de dedicarme su valioso tiempo.

Epílogo 24, 48 horas, días.

Este otoño tardío me ha venido muy bien, tengo todas las casas alquiladas y apenas tengo nada que hacer.

Anoche llovió y quise estar entre sus brazos. Creo que le voy a pedir que se traslade a mi casa, sé que se negará, tendré que irme a vivir con él, no me gusta esta sensación de amor furtivo, aunque por otra parte sé que es muy celoso de su intimidad pero es absurdo seguir negando la evidencia, quiero pasar todo el tiempo que pueda con él, además así podré cuidarle. Sé que no tenemos tiempo, que apenas podremos estar juntos, que no podemos tener un proyecto de futuro, pero ¿a quién le importa ya eso?, yo sólo quiero estar a su lado, vivir este presente.

A veces me asusto, ni siquiera las manos de mi amado Francisco me hicieron sentir la ternura que él me hace sentir con sus caricias, soy una egoísta pero le quiero a mi lado, sé que le perderé, que un día todo terminará y ese día quiero que su mano esté entre las mías, no quiero pensar en el futuro, el futuro no existe.

Ayer me ocupé de comprar un par de botellas de vino y de encargar la comida para tres.

En Haría un par de jóvenes han abierto un restaurante, es un nuevo restaurante no muy lejos de aquí, cocina tradicional aunque tratan de darle un toque de originalidad.

He pedido que nos preparen un sancocho de Vieja, una pella de Gofio y que tengan preparada alguna paletilla de cabrito, de los hombres una no se puede fiar a la hora de comer, unas veces se conforman con un bocadillo y otro necesitan una mesa llena, les he pedido que tengan preparado el mejor café del que dispongan y poder llevar yo el vino.

Todo en orden, esa es la parte que me corresponde de lo que sea que Enrique tiene planeado, creo que una especie de excursión. Siguiendo su sugerencia me he puesto unos vaqueros, una camiseta básica y encima un forro polar; por supuesto no he olvidado las botas de montaña, aun así me he entretenido un buen rato en pintarme, me gusta estar guapa para él y para mí. Creo que cuando el falte me iré del pueblo, llevaré el negocio desde Arrecife, aunque antes viajaré a todos los sitios que fueron suyos y de los que me ha hablado unas veces con pasión, otras con un cierto desasosiego, necesito beber de las fuentes que haya bebido, andar los caminos que haya transitado; seguramente la busque y si la encuentro le diré que la amó pero que fue mío.

¡Por Dios que pensamientos impropios!, ahora sólo debe preocuparme ir a recogerle, seguro que se ha quedado dormido, maldita medicación.

Quiero ver sus bosques de robles y castaños, quiero mojar mis manos en los ríos que le bañaron, sentarme en una terraza en Madrid y fumarme un cigarrillo cómo él hacía… ¿pero por qué hablo de él en pasado?. Deseo que cuando llegue a su casa aún esté dormido y poder despertarle con un beso.

Creo que a veces se hace el dormido sólo porque le encanta que acerque mis labios a los suyos y en cuanto nota mi aliento, sin abrir los ojos se abalanza sobre mí y termina mordiendo mis labios, yo le regaño y finjo un dolor que no me produce, entonces el finge que se vuelve a dormir y se da la vuelta, muerdo su cuello y todo termina entre risas y dulces caricias.

Se me ha pasado el tiempo sin pensar, debo salir ahora mismo, él ya no conduce, se lo han prohibido. Soy una egoísta pero me alegro, así es un poco más dependiente de mí, así tengo más oportunidades de estar con él.

Definitivamente he perdido el juicio, un hombre mucho mayor que yo, enfermo y que no me ama, me quiere, mucho estoy segura me quiere mucho; el problema es que me ha hecho volver a reír, el problema es que ha hecho que ya apenas piense en Francisco. Me siento incómoda, yo no puedo dejar de amar, menos olvidar al amor de mi vida, pero este tipo con sus payasadas ha conseguido que vuelva a amar la vida.

Fuimos la comidilla de las comadres del pueblo, pero no sé de qué extraña manera se las ha ganado, apenas sale, pero ha conseguido que hasta mi vecina, la que siempre me mira con recelo, se haya acercado a mí y me haya dicho “claro que si mi niña, hay que vivir, pero si hasta estás más bonita”.

He arrancado el coche, he cogido el todo terreno, por lo que pueda pasar, y he puesto un disco que me ha recomendado, es de Miles Davis, suena “Autum Leaves”, le pega bien al día gris que ha amanecido…

Por fin mi familia me envió mi antiguo móvil y mi ordenador portátil, me lo han entregado a primera hora, he tenido que cargarlos, sus baterías perdieron la carga hace casi dos años.

El dolor que ya no es tan agudo cómo antes, sigue siendo mi inquilino, vive en mí pero no soy yo, al menos esta batalla se la he ganado. Los analgésicos y la actividad me han hecho dejar de sentir dolor.

He sonreído cuando he pensado que le había engañado me lo he imaginado sonriendo a su vez con la certeza de que volverá.

Tenía infinidad de mensajes y correos, en realidad otra pequeña historia propia desde el día que decidí marcharme, sólo había borrado las redes sociales de uno de los dos móviles que utilizaba, el que me traje conmigo y que aún, pese a la obsolescencia programada, funciona aceptablemente bien.

Aunque tuve la tentación borré todo sin leerlo, busqué el historial de Facebook, de WhatsApp, de Messenger, de los diferentes correos y los eliminé, introduje su nombre en el listado de teléfonos y lo borré.

Me queda poco tiempo y no quiero que me lo siga robando quien me rompió y ya hasta me da lo mismo que lo hiciese queriendo o sin querer, podría haberme dejado sin antes haberse encargado de romper cada trozo de mi corazón en partes tan pequeñas que ya me ha sido imposible reconstruirlo.

Al menos me he liberado de la dependencia, del amor no, pero de la dependencia supe que me había liberado cuando vi que estaba en línea y me negué a escribirla, no fue fácil, pero lo hice, eso me animó, limpié los ceniceros y reiteré mi intención de mantenerme con un par de cigarrillos al día, miré con aprensión al mueble donde guardo los licores, ya apenas bebo, pero sigo manteniéndolos cerca de mí.

Me perdoné, supe que me había intoxicado para poder desintoxicarme de ti y la prueba es que no volveré a verte, ni a hablarte, ya no te quiero ni cómo recuerdo, te amo porque eso no lo puedo evitar, pero quiero vivir y he sabido construir un para qué que me durará al menos durante el tiempo que me queda.

No he comido.

Una fina lluvia, algo tan insólito en estas tierras ha llamado mi atención así que he salido al jardín, esta vez me he cubierto pero he dejado que el agua mojase mi cara, he notado apetito, hace meses que no tenía esa sensación, he dedicado el resto de la tarde noche a cocinar me he preparado un arroz “señoret”, algunas de las gambas que me has sobrado las he preparado a la plancha, me han recordado a las que tomaba de niño los domingos con mis padres aunque esta vez las he acompañado con un vermú.

He puesto música, ya apenas leo, pero sigo escuchando música constantemente, hace unos meses compré una columna de esas tan modernas en las que puedo almacenar varios discos y saltar entre ellos a mi gusto, parece que lo de moderno es una apreciación mía, por lo visto esto de los discos es algo obsoleto, ahora se escucha on line, pues yo sigo con mis vinilos y mis CD’s. He abandonado a Vivaldi y estoy escuchando un disco de Pat Metheny y Charlie Haden.

He terminado de cenar, no he recogido la mesa, me he sentado en un sillón, uno que tengo perfectamente orientado hacia las columnas de sonido, antes me he puesto una copa de vino; en este momento suena “Our Spanish Love Song”, que linda versión hacen de “Cinema Paradiso”.

He cerrado los ojos, por primera vez en muchos, demasiados meses he sentido paz, he recordado la escena final de la película y he recordado sus manos acariciando mi cuello, sus besos, mientras la mirábamos extasiados y no he sentido nostalgia, ni tan siquiera la he extrañado.

He dormido en el sillón hasta el amanecer, el primer rayo de luz y las primeras punzadas de dolor me han despertado, he preparado café y he tomado mi medicación, debo recomponerme han quedado en venir a recogerme en un rato y apenas tengo idea de cuál es el plan que han preparado con algo de misterio y mucho de sorna…

Tardan en llegar.

¡Por fin aparecen!.

Saludos y de inmediato la pregunta ¿A dónde y para qué?.

Tranquilos, coge la carretera del norte, la interior pasa de largo por Haría.

Han sentido un escalofrío, lo he notado, les he hecho salir por uno de los caminos que van al Risco de Famara, hemos dejado el coche y hemos continuado andando unos metros hasta situarnos en el borde justo del acantilado, el sol aún bajo ilumina nuestras espaldas lo que unido a la neblina que sube desde el mar le da un aspecto irreal al paisaje, cómo si todo en esta isla no tuviese apariencia irreal.

Desde hace unos minutos se han acabado las bromas, se han acabado las palabras, están colocados a cada uno de mis lados, les he dado la mano y así, cogidos de las manos hemos estado unos instantes, después he dado un paso atrás y he unido sus manos separándome de ellos, ha habido un gesto parecido a la desesperación, se han cogido de las manos con fuerza, se aproximado el uno al otro pero no han vuelto la cabeza han seguido mirando al barranco y al mar cómo hipnotizados, entonces les he hablado.

– No os deis la vuelta, sólo escuchadme. Tenéis una opción bastante más fácil de lo que parece. ¡Saltad, dejadlo todo atrás!, al fin y al cabo vuestra vida ha sido un fiasco, tenéis de la mano lo único que os une a la vida, a una vida que no es vuestra que no lo será jamás, ¡saltad!, si no os atrevéis yo puedo daros un pequeño empujón, ya me encargaré de decirle a la Guardia Civil que se ha tratado de un dramático accidente ¡no os volváis!.- Por un momento he imaginado sus caras, he sabido que el terror ha hecho que aprieten sus manos cómo sé que han pensado que tal vez esa no sea una mala opción. – ¡Alto!. Hay otra opción, pero esta es más difícil, ¡vivid!, sí, ¡vivid comprometeos a vivir!, y si podéis y tenéis tiempo amaos. No será fácil, os dolerá, sufriréis, habrá renuncia a muchas cosas, valorad que es lo que realmente queréis.-

Hemos permanecido varios minutos en un silencio absoluto hasta que un susurro ella ha dicho “Quiero vivir y quiero hacerlo con el él”. Se han abrazado y yo les he abrazado. Les he girado hacia mí y les he dicho que desde ese momento ya no podían ser dos, que me erigía en sumo sacerdote y les declaraba pareja de hecho. Se han reído con ganas y con lágrimas.

– Y ahora si a los señoritos les parece bien, creo que nuestra amiga tiene encargada una deliciosa comida, será algo así como el banquete de boda.-

Hemos vuelto al coche, el sol nos ilumina la cara, en la suya se ha dibujado algo que no puede ser otra cosa que un gesto de felicidad, han pasado miedo, estoy seguro que han valorado la posibilidad de saltar, de rendirse a una vida ingrata con un futuro absolutamente incierto y aun así han preferido pelear, hacer la locura de intentar el amor.

No son unos inconscientes, saben a lo que se arriesgan, saben que no existen los finales felices, que el tiempo es corto, pero han decidido vivir.

Hacía tiempo que no comía con tanto apetito, y hemos bebido cómo si hubiésemos cruzado el desierto, de alguna forma lo hemos hecho los tres.

Me han dejado en mi casa y ellos han seguido hasta la de él.

He visto cómo encendían por un momento la luz del dormitorio y la apagaban minutos después.

Se ha quedado una noche clara, una estrella fugaz ha iluminado la noche, ha sido un buen día.

8 comentarios sobre “Relatos 45 15/08/2019

  1. Vivir siempre es lo más valiente y doloroso, aunque siempre habrá un pequeño remanso, algo que degustar, melodías que escuchar, algo sobre lo que escribir, un lugar nuevo que visitar… alguien al que regresar… buen broche final.

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