Relatos 44 11/08/2019

24 Horas más

No sabía dónde ir, la luz del sol me ha desconcertado y he querido esconderme, buscar refugio, tengo miedo.

He llegado a su habitación como una autómata, me he dejado caer sobre la cama y abrazado su almohada, la he mordido hasta hacerme daño y he llorado hasta quedar sin lágrimas.

Acabo de despertar, me he quedado dormida sin tener consciencia del sueño, del agotamiento al que estaba sometida. Mi primera mirada ha sido para la almohada, está completamente manchada de rímel y lágrimas, que prosaico, me produce un escalofrío que mi primer pensamiento sea para algo tan vulgar cómo unas manchas en una funda de almohada, recapitulo, necesito poner en orden las últimas horas.

Estaba reunida con un proveedor, el teléfono estaba silenciado pero vibró lo que me hizo mirarlo, cuando vi su nombre tuve un presentimiento así que lo cogí. Dime, ven, esa fue toda la conversación, su ven fue como un estertor, apenas audible pero era un grito pidiendo ayuda.

Me levanté y salí corriendo sin dar explicaciones. Estaba tumbado en el sofá que está junto a la cocina, semi inconsciente, el brazo le colgaba y en el suelo el móvil. Un feo charco de sangre le manchaba la cara, el pecho y el suelo, una sangre negra cómo la lava, cómo el picón del jardín.

No he sabido que hacer, soy una mujer fuerte, decidida, afronto los problemas lo he hecho hasta con los que me han matado por dentro, pero no sé qué hacer en una situación de este tipo. Cuando estaba marcando el número de urgencias ha sonado la sirena de la ambulancia, he sentido alivio, le había dado tiempo a llamar.

Los he seguido en mi coche, han sido unos minutos eternos, por fin hemos llegado al hospital y le he perdido de vista.

No me gusta lo que veo, caras serias, demasiadas urgencias, algunas voces. Es un hospital pequeño y por alguna razón, seguramente se han olvidado de mí, o tienen tanto trabajo que ni reparan en quien es quien, me han dejado sentada en uno de los pasillos de urgencias.

– ¿Es usted familiar?.-

– Sí.- He respondido sin pensar.

– Siéntese. Creo que es mejor que le cuente con claridad cuál es la situación. Tenemos un problema bastante complicado, hacemos todo lo que podemos, en estos momentos le estamos transfundiendo, debe remontar un poco para ser intervenido, pero no tenemos garantías de que pueda superarlo. Lamento darle estas noticias pero creo que es mejor que sepa que corre un grave riesgo, debería avisar a alguien más de su familia. Pero no piense que nos vamos a rendir, vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos, y lo conseguiremos. Ahora tengo que volver con él, ¿necesita algo?-

Claro que necesitaba algo, necesitaba un abrazo, necesitaba que alguien me sujetase, mis piernas apenas podían sostenerme y necesitaba respirar, pero sobre todo necesitaba verle, tocar su mano, volver a tocar su cara. Justo cuando desfallecía, cuando mi cuerpo me abandonó, unos brazos fuertes me sujetaron.

– ¿Qué pasa princesa?. Siéntate, respira profundamente, ahora te traigo un poco de agua.-

– Don Enrique, se nos muere, se nos muere y yo ya no puedo perder más, si se muere ya no quiero vivir.-

– Estamos buenos.- Impostó una voz seria. -Aquí no se va a morir nadie. Anda recupérate un poco y vamos fuera a tomar un café.-

– Yo de aquí no me voy.-

– Pero mi niña si digo fuera de urgencias, aquí no debemos estar, además acabo de hablar con una enfermera amiga mía y me ha asegurado que todo va a ir bien.-

Mentía y le agradecí la mentira, necesitaba creer que todo sería un susto, de los fuertes, pero sólo un susto. Estuvimos varias horas sentados, pese a nuestros insistentes peticiones de información no obtuvimos respuesta, sólo varias horas después volvió a aparecer el médico con el que había hablado y nos dijo que iban a intervenirle, que no podía decirnos nada más, si acaso que estuviésemos tranquilos, que estaba en buenas manos y que todo iría bien.

– Seguro que desde esta mañana no has comido nada, y no protestes con que no te entra nada, tienes que comer algo, esto va para largo y tienes que resistir. Esta tierra nuestra no tolera la debilidad, no se lo pongas fácil.-

Tenía razón, comí cómo pude unos de esos sándwiches que expenden las máquinas y tomé una botella de agua.

– Tiene razón don Enrique, esta tierra nuestra es dura pero yo no lo soy, no más de lo que se puede ser.- Apenas habíamos hablado durante las horas que llevábamos en el hospital y ahora tenía necesidad de liberarme.

– ¿Cómo ha llegado tan rápido?.-

– Escuché la ambulancia y te vi salir con el coche a una velocidad que me asustó, imaginé que algo iba muy mal y os seguí.-

– Es una suerte que este usted aquí.-

– Por favor deja de tratarme de usted, hace ya demasiados años que dejé de ser tu profesor, espero ser ahora tu amigo.-

– Es una suerte, seguramente si hubiese tenido la calma suficiente habría sido a ti a quien habría recurrido, gracias por haber venido. Además creo que eres la única persona con la que podría hablar, siempre me inspiraste confianza, me da la impresión de que eres de esas personas que inducen a los demás a hablar, a abrirse sin tapujos y yo necesito hablar.- Para ese momento ya tenía apoyada mi cabeza en su hombro y dejaba que las lágrimas cayesen mansamente por mis mejillas.- No puedo soportarlo Enrique, no puedo. Yo soy fuerte, a veces me han dicho que soy dura, pero no lo soy, fuerte sí pero ya no puedo serlo más, si se muere haré una locura.-

– Pero mi niña, qué barbaridades dices, por los demás se vive nunca se muere.-

– Mire; usted conoce mi vida. Sabe que perdí al amor de mi vida y aun así he seguido viva. Y además sabe cómo lo perdí. No fue una enfermedad o un accidente fue algo infinitamente peor. Nadie sabe lo que es vivir con un sentimiento de culpa. Sí. No me mire así. Ya sé que yo no fui responsable de nada, no podía serlo, le amaba cómo nadie puede amar, pero ese irracional sentimiento de culpa no me ha abandonado jamás.

Lo sabes ¿verdad?. Él y yo estamos juntos, que forma tan boba de decirlo, no creo que se pueda hablar de amor, en cualquier caso el nombre que le queramos dar, en este caso es intrascendente.

Mira hace unos meses me encontré con un hombre roto, amable, dulce, tierno pero roto. Después de mucho tiempo me contó que había recalado en nuestra isla buscando la paz, que su corazón se había roto después de lo que el entendía como el abandono de la persona que había amado, que no era capaz de superarlo, que su capacidad de amar, de disfrutar de la vida se habían quedado en los ojos de una mujer, que nunca volvería a amar.

Ya ve, a pesar de todo, un día hicimos el amor y de alguna forma nos reconciliamos con una parte de la vida, no hubo pactos, apenas hubo que decir nada, fuimos cómo las gotas de estaño que reparaban antiguamente las vasijas deterioradas ¿lo recuerda?.-

– Claro.-

– Yo le quiero. Él me ha hecho volver a sonreír, volver a sentirme mujer.

No. No le amo, al menos no con el apasionamiento que una vez amé, pero le quiero, le quiero en mi vida, en él he encontrado la energía necesaria para poder seguir viviendo. Estoy segura que a él le pasa lo mismo, sé que sigue enamorado de una fantasía, de una ilusión, y sé que sufre pero también sé que a mi lado está encontrando la paz que necesita. Ahora apenas bebe y sólo fuma algún cigarrillo de tarde en tarde. ¿Sabes?, cuenta chistes, hace bromas constantemente, quien lo diría, hace unos meses ni siquiera era capaz de sonreír.-

Le entregué su teléfono alguien debía intentar localizar a su familia, no fuimos capaces de identificar a nadie así que llamamos al número que aparecía en primer lugar con el nombre AA.

Resultó ser el de una mujer, dijo no ser un familiar, pero que nos despreocupásemos ella haría las gestiones para localizar a su familia y les trasladaría la información que le dimos. Empezaba a anochecer cuando salió uno de los médicos, tenía cara de agotamiento, poco a poco fue saliendo el equipo que debía haberle intervenido, salían en animada charla lo que me indujo un estado de euforia, si salían tan animados es porque todo había ido bien.

De inmediato se adueñó de mí el pensamiento de que eso era una tontería, se trata de profesionales, seguramente les hayan salido mal las cosas muchas veces y uno termina por acostumbrarse a todo, no van a salir llorando.

El médico me saco de mis pensamientos, afortunadamente todo había ido bastante bien, eso no quería decir que el peligro hubiese pasado, las próximas 24 horas sería claves, el paciente estaba en reanimación, no, no podíamos visitarlo, tal vez mañana por la mañana, durante unos minutos…

Hemos pasado la noche en la sala de espera, Enrique, se me hace extraño no anteponer el Don, ha intentado que cenásemos en la cafetería, sólo he consentido tomar otro sándwich y un refresco, aun así me ha costado comérmelo.

Le he pedido que marchase a descansar, me ha sonreído y he sabido que no debía insistir.

En dos ocasiones a lo largo de la noche hemos hablado con alguna de las enfermeras que salían de reanimación, está tranquilo, está sedado, no hay ninguna novedad, procuren descansar.

Sobre las diez de la mañana han llegado unos familiares, deben haber llegado en el primer vuelo de la Península, han preguntado por él y me he identificado, han hablado con el médico y les ha dado buenas noticias, parece que evoluciona favorablemente dentro de la gravedad, pueden visitarle un par de minutos, les he pedido acompañarles y han accedido.

Está profundamente dormido enganchado a un montón de máquinas y da la impresión de que pese a los tubos y cables que le mantienen conectado a ellas han tomado la precaución de restarle dramatismo a su apariencia, está cubierto por una sábana que sólo deja al descubierto su cara y uno de sus brazos. La enfermera me ha mirado y con un gesto me ha dado permiso y he rozado sus dedos, no lleva la pulsera que le regalé.

Me he duchado en su ducha, con su gel, he usado su desodorante y me he puesto la camiseta que estaba sobre la cama, me está muy grande pero es cálida y conserva su olor. Me he puesto los vaqueros y he marchado a casa, me cambiaré, después pediré en la oficina que cancelen cualquier cosa que tuviese prevista y que en unos días se hagan cargo de todo, antes he cogido de la mesa del salón la pulsera que le regalé hace un par de semanas y me la he puesto.

Tiene que vivir es obligado, tiene que vivir.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s