Relatos 42 26/07/2019

24 Horas

Me he levantado temprano, no he descansado bien he estado nerviosa, parece mentira que una mujer de mi edad pierda el sueño porque va a comer con un conocido al que no le une casi nada.

Hoy no tengo muchas cosas que hacer en la oficina, además dejé preparada anoche la caja con los discos que le prometí hace ya demasiados días.

Me he dado una ducha rápida, he recogido mi pelo con una toalla y he envuelto mi cuerpo con otra, al pasar ante el espejo del vestidor me he quedado mirándome, se me ha caído la toalla y no he hecho por recogerla, se me había olvidado que tenía cuerpo. Estoy bien, tengo un bonito cuerpo tal vez algo delgada, las caderas anchas, me he puesto de perfil, posiblemente me gustaría haber tenido el pecho un poquito más grande, definitivamente estoy bastante bien, hace tanto tiempo que nadie ni yo misma me lo dice, me lo digo, que he llegado a olvidarlo.

He tomado un café sólo, cargado, no me gusta prefiero las infusiones, pero creo que he tomado café buscando su efecto activador, un poco cómo algunos hacen con el alcohol.

No he podido concentrarme en toda la mañana, me han entrado miedos infantiles, impropios de una mujer libre, fuerte, independiente. ¿Debería haber aceptado la comida pero en un restaurante?, sin embargo acepté comer en su casa casi de forma automática.

Pienso en él y me sonrojo y no hay motivos, es simplemente el inquilino de una de mis casas, es cierto que es un hombre agradable, atento, tiene muy buena conversación no tan afectada cómo su vecino, pero es un hombre mayor, demasiado mayor para pensar en él como pareja o para que él piense en mi de la misma manera, pero es evidente que nos sentimos a gusto cuando estamos juntos, además parece bastante enfermo, se lo he notado. De repente, algunas veces su cara cambia en un momento, se convierte en otra persona, hay una mezcla de dolor y de tristeza que sus ojos no pueden negar. Algunas veces, con discreción le he visto tomar unas pastillas que parecen calmar su dolor, el rictus de dolor suele desaparecer, pero la tristeza de sus ojos no le abandona tan fácilmente.

Pasaré por la bodega, quiero comprar un par de botellas de Malvasía, sé que le gusta, ¿pero por qué me tomo tantas molestias?. Parezco una colegiala, la verdad es que desde hace más de dos años, desde aquel maldito día no he vuelto a comer a solas con un hombre, casi un desconocido y ¡en su casa!, he debido perder la cabeza.

La administrativa me ha dicho con una sonrisa maliciosa que estoy muy guapa, caigo en la cuenta de que me he vestido con algo más de esmero que habitualmente, lo he hecho inconscientemente. Me he puesto el mono de rayas azules, sé que realza mi figura, además deja a la vista el nacimiento de mi pecho, suelo usar zapato plano y sin embargo he ido directamente por las sandalias con cuña justificándolo con que son las que mejor pegan con el mono.

¡Dios mío! me he pintado cómo una puerta vieja, ¿a qué viene este dispendio de color?. Me lavaré la cara y volveré a pintarme cómo suelo hacer.

Me autoengaño, conduzco rápido quiero llegar pronto, antes de la hora pactada con el pretexto de poner a enfriar el vino.

Nadie responde a mi llamada, tal vez haya salido pero la puerta está entornada, no es la primera vez que entro casi sin avisar, cuento con su aquiescencia.

Lo encuentro, está tumbado en uno de los sofás del salón a oscuras, duerme plácidamente, detecta mi presencia y se levanta sobresaltado.

-Perdóneme, lo siento mucho, he tenido una mala noche y una peor mañana y me he quedado dormido.-

– No por favor, perdóneme usted a mí, he venido antes de la hora convenida.-

Con una sonrisa que le ha ocupado toda la cara, juraría que he visto reír sus ojos, me ha contestado:

– ¿No le parece que no es momento de volver a empezar tratarnos de usted?. Además esta sigue siendo tu casa, veo que traes vino, ya sabes dónde está el frigorífico, si no te importa voy a asearme un poco, debo tener un aspecto horrible.-

La casa está muy ordenada, muchísimo más que la última vez que estuve aquí, se ve que se ha tomado la molestia de adecentarla para mí, me agrada el gesto, y cómo tarda un poco aprovecho para recoger los ceniceros y retirar algunas botellas vacías, no puedo evitarlo, debo dejar de ser una entrometida, mi afán por el orden me va a traer un problema.

Antes de comer hemos tomado una botella de vino acompañado por un delicioso queso majorero, nos hemos sentado de frente, mirándonos a los ojos, se nota que tiene una educación muy clásica, ha elogiado mi ropa, cómo de pasada aunque le he notado la intención, ha ponderado lo que él ha llamado mi natural y serena belleza, he negado con energía pero me he sentido alagada, y he notado cómo el rubor volvía a mi rostro.

Hemos hablado de música, ha echado una ojeada a los discos que le he traído, han parecido gustarle, ha propuesto poner algo de Bossa Nova, parece entender algo de música, desde luego mucho más que yo.

No me ha dejado montar la mesa, me ha dicho que hoy era la invitada y que no me iba a permitir mover un dedo, que en realidad me estaba pagando mis atenciones para con él desde que llegó.

Una ensalada presentada con mimo, parece que anoche parte de su vigilia la ocupó la cocina, después ha traído una bandeja cuidadosamente colocada con un ossobuco con guarnición de arroz blanco y patatas paja.

Hemos tardado mucho en comer, la palabra se ha adueñado del momento, hemos empezado con banalidades y hemos pasado casi sin transición a presentarnos, a contarnos nuestras vidas, la segunda botella de vino ha debido tener algo que ver. Me ha ofrecido algo de postre, lo he rechazado pero le he pedido un café o alguna infusión, me ha guiñado un ojo mientras me decía que lo mejor sería un café y una copa de licor, no ha podido evitar reírse cuando ha dicho que era para ayudar a hacer la digestión.

Se ha sentado a mi lado, no me he sentido incómoda me ha resultado muy agradable sentir la calidez que despide su cuerpo, huele muy bien, a esos perfumes caros que usan algunos hombres maduros y que hacen que muchas nos giremos cuando pasan a nuestro lado, he maldecido mi idea de no usar alguno de mis perfumes, llevo un agua de colonia que ahora me parece excesivamente juvenil.

Siento vergüenza, ¿qué me está pasando, es que quiero gustarle?. Me pide permiso para fumar y cuando se lo concedo se vuelve a alejar de mí, pretende que el humo no me moleste, fuma con aspiraciones fuertes, profundas. El licor desata mi lengua, le pregunto por qué esa tristeza que a veces veo en sus ojos.

– Una mujer cómo usted.-

– ¿La perdió?.-

– No, yo no la perdí, nunca fue mía, simplemente la amé y ella…-

Durante unos segundos su rostro ensombreció, pero de inmediato puso una sonrisa en sus labios, sólo en sus labios

– Casi mejor dejamos el tema, terminaría por convertirme en una compañía indeseable. Por cierto tal vez te estoy entreteniendo mucho con mi charla, se me olvida que tienes que trabajar.-

– En absoluto, me he tomado libre lo queda del día, en esta época no tengo mucho trabajo, además me encanta hablar contigo, apenas si hablo con casi nadie del pueblo, ya está casi todo dicho y no tengo muchas oportunidades de hablar distendidamente con alguien nuevo.-

– Perfecto, supongo que habrás notado que sufro algunos dolores recurrentes, eso unido a mis ingratas experiencia con mis relaciones han hecho de mí un hombre un poco adusto, poco comunicativo, pero contigo me resulta fácil hablar.-

– Permíteme hacerte una pregunta, o mejor un par de ellas ¿no puedes hacer nada con esos dolores?. Pareces gozar de buena salud, la otra es un poco intima, no respondas si no la consideras apropiada, tú has venido aquí huyendo de algo o de alguien ¿verdad?.-

– A la primera pregunta es fácil responder, no, no tengo buena salud, en realidad la tengo muy mala, los dolores los mantengo a raya a duras penas con un arsenal de analgésicos. Respecto a la segunda pregunta es algo más compleja, sí, he venido aquí alejándome, no huyendo. Hace un momento te dije que amé y creí que con eso era suficiente, pensé que el amor todo lo podía y en ese ensoñamiento apenas me di cuenta de que la mujer objeto de mi amor había iniciado un camino en el que yo sólo podía ser una rémora, un lastre, me dejó, algo tan sencillo como que dejó de amarme primero y de quererme después, a lo mejor soy un poco soberbio, tal vez nunca me amó, ni tan siquiera me quiso, pero yo quise creerlo. Cómo te darás cuenta soy un tipo bastante común, eso sí siempre creí que el amor es el único sentimiento que nos redime, un enamorado del amor, así me ha ido, me gustaría haber podido decir que alguna vez dejé de amar, pero no puedo, siempre he sido dejado, unas veces han dejado de amarme, otras, otras… Debo ser yo, hace mucho tiempo decidí romper con el hombre que había sido, decidí liberar mis sentimientos, decidí amar y si aparecía ese amor no renunciar a nada. Entiendo sus gestos con la cabeza, efectivamente un romántico en la peor acepción del término, pero lo fui por elección, cómo ahora he elegido preservar lo poco que me queda.-

Se hizo un silencio espeso, rehuíamos las miradas, se sirvió una copa de licor que apuró de un solo trago.

– ¿Cambiamos de música?- Me ofreció.

– Si por favor.-

– ¿Clásica?-

– La que quieras.-

– Puedo hacerte una pregunta?-

– Si, adelante.-

– ¿Quién eres?, ¿por qué has venido a comer conmigo?-

Podría haberme levantado en ese momento, haber elaborado una contestación estándar y haberme marchado por donde había venido, pero algo me retuvo en el sofá. Me retuvo mi vida, la necesidad de contárselo a alguien desconocido, a alguien que intuía no me iba a juzgar.

– También la primera pregunta es fácil de responder para mí. Soy una chica acomodada de pueblo, estudié aquí hasta terminar el bachillerato, en ese tiempo me enamoré de uno de mis compañeros de clase, el que después sería mi marido. Marché a la Universidad de Las Palmas, volví, me casé enamorada con el hombre que estaba enamorado de mí, empezamos a trabajar juntos en los negocios de mi familia y un día sin saber por qué, sin que hubiese un motivo que pudiese justificarlo, mi marido, mi amor se lanzó con el coche por el Risco de Famara.

Llevábamos dos años casados y de esto hace algo más de dos años. Con él se fue mi vida, se fue todo aquello en lo que creía… me parece que yo tampoco voy a ser una buena compañía, ah y estoy aquí porque estoy sola, porque me falta el aire y es aquí donde he vuelto a notar que entra en mis pulmones.-

Esto último lo dije entre lágrimas, pero no estaba llorando, por primera vez en mucho tiempo las lágrimas brotaban apenas sin dolor, ¿habría empezado a perdonar a la vida?.

Se acercó a mí, sirvió dos copas, pasó su brazo sobre mi hombro y yo recliné mi cabeza sobre el suyo, no fue necesario decir nada, lloré, lloré mi rabia, mi desesperación, mi pena cómo hasta hoy no había sido capaz de hacerlo.

Cuando volví del baño me esperaba de pie, apenas nos miramos, no necesitamos decir nada, simplemente nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo que yo sentí como un sustento, como si de repente una superestructura un andamiaje suave, tierno mantuviese unidas y erguidas todas las partes de mi cuerpo.

Apenas ha amanecido, al salir desnuda de la ducha he vuelto a mirar mi cuerpo, no puedo dar crédito a lo que ha pasado. He pasado la noche con ese hombre que está dormido ahí justo al lado.

Trato de reconstruir las últimas horas, nuestros labios se rozaron y se desencadenó la tormenta, primero fueron unos besos alocados, pasión desatada, deseo incontrolado, hicimos el amor como dos animalillos, sobre el sofá, después tomé su mano y le guié hasta la habitación, volvimos a hacer el amor sin concesiones, fue algo así como una liberación, pero lo más importante es que estuvimos horas abrazados en la cama, desapareció la pasión y todo se volvió ternura, volvimos a no tener la necesidad de hablar, todo fueron caricias, las más dulces las más plenas de ternura. Sólo hubo un momento en que se levantó para traer algo de bebida y comida a la cama debía tomarse unas pastillas, y volví a apoyar mi cabeza en su pecho y mientras acariciaba mi cara quedó dormido.

En algún momento yo también me he dormido, pero me he despertado muy pronto, me he duchado y debo irme a casa, cambiarme, no quiero que nadie note lo que me ha pasado esta noche, esto es una locura que no debería haber pasado, que no va a volver a pasar, pero mi cuerpo vuelve arder de deseo.

En el espejo del baño dibujo unos labios y un corazón, bajo a toda prisa las escaleras, monto en el coche y salgo acelerando en exceso hacia mi casa.

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