Relatos 32 14/02/2019

Sus manos

Podría hablar de sus labios, finos, perfectamente delineados.

Podría hablar de su boca, cálida, frutal, suave.

Podría por tanto hablaros de sus besos, toda su ternura, su pasión, su dulzura.

Debería hablaros de sus ojos de aceituna y miel, vivos, despiertos.

Pero entonces debería hablaros de su mirada, y para eso no bastan adjetivos.

¿Cómo definir una mirada neutra, cómo la de quien mira la vida pasar desde una ventana?.

Y de repente en el tiempo de un pestañeo, pasaba a ser la mirada más plena de dulzura que nadie ha conocido.

La mirada  de quien no precisa de palabras para expresar el más profundo amor.

Una mirada que era un tratado de todas las emociones bellas que he conocido e imaginado.

También podría hablaros de su espíritu puro, de su exquisitamente bella sensibilidad.

O, ¿por qué no? Debería hablaros de su amor por los detalles.

Sabia, conocía y siempre encontraba la palabra, el gesto el regalo, ¿qué sé yo?, más apropiado.

¿Y cómo no podría hablar de su entrega los demás?, una entrega que la lleva hasta el sacrificio.

No encuentro en ella nada que no sea digno de ser mencionado. Un compendio de todo lo que hace bellos a los seres humanos.

Podría hablaros también de sus tormentas, que bella se pone, aún más.

De su sufrimiento profundo, vital. Sólo propio de quien es capaz de los sentimientos más genuinos,

De su inmediata sonrisa, no la que nace en la boca o los ojos.

¿Un cegador rayo de luz? Tal vez sí. Su sonrisa ilumina el mundo.

Su sonrisa hace aparecer la luna llena en la noche más oscura es un sol que despeja todas las nubes, que transforma el más crudo invierno en la primavera más feraz.

Su amplitud de miras, su amor sin medida, no sólo por los suyos, un amor tan desbordado que alcanza a todos los que sufren, a los que más lo necesitan.

Su carácter forjado como el mejor de los metales, a agua y fuego, sólo quebradizo ante el dolor ajeno.

De su exquisita, sensible, preciosa capacidad creativa.

Podría hablaros de otras miles de cosas de ella, todas bellas.

Pero no, hoy no quiero hablaros de nada de eso.

Hoy os hablaré de sus manos. Manos grandes fuertes, intimidantes. Sólo hasta que notas el roce de las mismas sobre tu piel. Entonces se convierten en lo que son.

Unas manos hechas para cuidar, para curar, diseñadas para aliviar el dolor de los demás.

Son las manos de una matrona romana, delicadas hasta el extremo, pero firmes y dispuestas a empuñar un arma, que odia, en defensa de lo justo.

Yo he tenido sus manos en las mías y un temblor recorrió mi cuerpo. Noté la energía vital que transmitía.

Se cruzaron nuestros dedos, y fue un éxtasis, nuestros dedos se entrelazaron haciendo el amor, y no fue preciso más.

Ni siquiera su mirada, la más bella del universo, tiene comparación.

Fueron sus manos las que, sin palabras me hicieron saber que era la mujer de mi vida.

Que mi vida anterior sólo fue una preparación para este momento.

Cuando nuestras manos se separaron, pasó los dedos delicados como finos pinceles sobre mi mano, sobre mi antebrazo. En ese momento descubrí el poder que tenía, me curaba. Sería más tarde cuando me diese cuenta que la curación era más profunda, que me había impuesto sus manos para hacerme mejor persona.

Si, la amo. Y también fueron sus manos, que podría dibujar con los ojos cerrados, las que me hicieron amar. Su beso podría incitar a la pasión desmedida, pero sus manos eran, son amor.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s